Perdí mi habilidad para nadar entre infinitas sinestesias que me estorbaban y estorbaban pero a la larga eran un bendito mal necesario.
Hoy es cuando chillo de frustración y de rabia porque se fue. Se marchó el dulce alarido que me calaba los huesos, la suave caricia de una miseria sin fin me ha abandonado. Y en el aire ya no huele a la ambivalencia de una plácida tortura o un grato calvario; ahora huele simplemente al vacío de un abismo, o de un estómago que se desgastó en ayunos incontables. Lo único perceptible resulta ser la áspera esencia de la mortalidad y la certeza de que nadie es infinito.
Como decía, hoy regreso al falso rosa teñido de la indiferencia cotidiana, que sabe a muerte y a podredumbre. Pero hoy, hoy todo acabó por fin. Y he de despedirme con amarga alegría de las sinestesias que supieron atormentarme por lo que parecen siglos. @imperfecci0nes
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